25.8.08



Sin borders al apio lo llaman celery

se amasa
entre el neocortex y el lóbulo frontal.
yo entiendo sólo tus manos de panadero.
la neuroanatomía no termina de ponerse de acuerdo.
a mí me van y vienen palabras-horno, deseos-cuchara.
el centro cerebral del lenguaje migra;
como yo.
el cortex motor activa mis músculos
mi fascículo arqueado une mi área de Broca con la de Wernicke.

de tanto migrar,
de tanto volar sin entender
el fenómeno de la transmutación física,
de la alquimia del aire que se vuelve poesía,

tanta celeridad se me convierte en apio.

¿será carencia o exceso de un neurotransmisor excitatorio?

24.8.08

Vivo en una vocal al cuadrado



llegué ayer

ya he arborizado

aún tengo las alas mojadas en llanto

21.8.08

boca de incendio




El fallo cardíaco está diagnosticado: contengo la tensión en la diástole.

Me tenso, me contraigo. Suelta
Temo que se escape de mi boca un verso o que me llamen loca. Suelta
¿Será lo mismo? Suelta
Va relajándome tener una percha en que colgar el traje.
Tener una orejera naranja que intensifique el incendio que intuyo.
¿Qué ocurre si se le acerca fuego al fuego?
Ann Arbor suena a alquimia acuática.

Llegué de la ciudad de los árboles a la town of trees.
Y hay una boca de incendio en cada esquina,

confluyen en ellas fuego y agua

y algún desconocido las baña en arte

La boca de incendio es una puerta secreta a alguna parte

¿Puedo guardar palabras para cambiar destinos?

Suelta, escupe, abre

20.8.08

Arborizando









arborizar.
1. tr. Poblar de árboles un terreno.
2. tr. Plantar árboles en determinado paraje para que den sombra o sirvan de adorno.

22.7.08


Arráncame El Miedo / Take Away My Fear, Ed. 11/40
1998, Photogravure w/ bitumen
32 x 32 in.
103131

8.7.08

Gate




He recorrido cientos de kilómetros para sentarme bajo la sierra, bajo esta ilusión de cielo neoclásico, bajo golondrinas de aleteo nocturno, sobre miles de toneladas de piedra granítica, sobre el agua de este deshielo que ahora no sé cómo transportar.

He recorrido media península del miedo en dirección al punto de salida, en busca de una sombra de baibén que cobije mi llanto. Miles de kilómetros en dirección al tránsito aéreo, hacia esa puerta que me permite reinventarme en otro idioma y callar versos.

¿Qué hago ahora con el agua destilada? ¿Dónde quedan los residuos de la sublimación? ¿Qué oculto entre los muros-carga que me impiden deshacer el nudo de mi lagrimal? ¿Hacia dónde el agua?

Si cierro los ojos y me inundo en nuevos sinónimos con acento extranjero ¿callará el miedo? ¿dónde irán los retales? ¿las agujas de lana? ¿los dedales?¿las ilusiones de panes que fermentan demasiadas horas entre la humedad? ¿ los sujetadores que amarillean en el olvido? ¿los dientes que caen?

Queda un ocho por ciento de batería para llegar a la puerta de salida. Atravesar de nuevo el no lugar, desprender las raíces del suelo para volver, quizás, cuando el edificio haya caído, cuando mis raíces sean copa y miren al cielo. No encuentro la risa. Quizás las campanas contra las nubes rizadas embriagadas de viento consigan silenciar el llanto.

Cuando mis pies vuelvan a pisar la tierra, lloraré. Pero lo haré junto a ti y el cielo será un poquito más plano.