
Pierdo las hormigas de a una.
La primera se quedó enganchada en un zapato amigo.
Quedarán ocho o nueve;
quiero arrancarlas.
Contengo las ganas
como vacío la rabia en las papeleras urbanas los domingos.
Una al día; no más. Una hormiga
Despersonalicé en la boca de incendios.
Entre Washington y State,
frente a GOOGLE.
Encontré una tuerca oxidada
que se me enredó en los dedos
y se me perdió en la manga
al decir que yo era otro.
Suspensa
en el silencio frigorífico de las siete
)mañana o tarde(
ayuno de entender
las desrazones de la maraña atávica.
Hoy talaron mi primer arce en Ann Arbor
y lloro. No sé qué he de hacer con esta tuerca.